La guerra interna que ha desangrado el vestuario del Real Madrid ya tiene consecuencias y son sencillamente devastadoras.
Lo que comenzó como un intercambio de golpes en el entrenamiento entre Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni ha terminado en un castigo ejemplar que dejará a ambas estrellas no solo fuera de las canchas, sino con las cuentas bancarias temblando.
Florentino Pérez no ha tenido piedad y ha activado el código disciplinario más severo para cortar de raíz la anarquía en Valdebebas.
La directiva blanca ha decidido aplicar el "puño de hierro" y los expedientes ya están sobre la mesa.
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El club no se ha andado con contemplaciones: la conducta ha sido tipificada como falta "muy grave", lo que abre un abismo legal y financiero para los implicados. Para el uruguayo, por sus insultos, y para el francés, por la agresión física, el castigo podría ser el más humillante de sus carreras: la suspensión total de empleo y sueldo por hasta 30 días.
Sí, han leído bien, un mes entero en la "nevera", sin poder pisar el césped y sin percibir ni un solo euro de su multimillonario salario mientras el equipo se juega la vida en la temporada.
Pero la humillación no termina en el banquillo. El golpe financiero será histórico. Al tratarse de faltas de máxima gravedad, el Real Madrid tiene la potestad de arrebatarles hasta el 25% de su sueldo mensual.
En contratos de este calibre, estamos hablando de multas que ascienden a cientos de miles de euros, un castigo económico que busca sentar un precedente mundial.
Si el club decide llevar este caso hasta las últimas instancias del Convenio Colectivo, Valverde y Tchouaméni verán cómo su arrogancia les cuesta una fortuna y la deshonra de ser apartados del club más grande del mundo en su momento más crítico.
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