El mundo del fútbol se detuvo para escuchar a Lionel Messi, pero lo que nadie esperaba era que, en plena entrevista, el capitán de la Albiceleste pusiera a la Selección de Honduras en su mira.
Con la frialdad que solo un crack de su nivel posee, Messi dejó claro que cuando se trata de enfrentar a la Bicolor Nacional, no existen amistades ni compasión y más en la preparación para defender la corona en el Mundial.
La Pulga fue consultado sobre cómo mantiene su motivación para ganar clásicos en el fútbol estadounidense con el Inter Miami y de cómo mantener el orgullo para vencer a selecciones como la hondureña.
La pregunta fue: "¿Ahora con el Inter le quiero ganar el clásico a Orlando, ahora viene la selección, salí campeón del mundo y quiero ganar el partido contra Honduras?".
Respondió Messi: "Porque es mi manera de ser porque me gusta lo hago, me gusta jugar a la pelota y lo haré hasta que no pueda más. Y porque después soy competitivo, me gusta ganar a todo", sentenció el astro argentino.
Pero, ¿de dónde sale esta obsesión por vencer a nuestro país? Messi fue más allá y confesó su lado más oscuro y competitivo: "Soy así, me gusta ganar a todo. Ni a mi hijo en los jueguitos lo dejo ganar".
Estas palabras caen como una enorme sorpresa para la afición catracha, que ve cómo el mejor jugador del mundo se prepara para enfrentar a la Selección Nacional de Honduras, que será uno de los últimos rivales previo al Mundial.
Messi no viene a pasear, viene a demostrar por qué es el rey, y su mensaje es una advertencia directa para el seleccionado José Molina y sus dirigidos: en la cancha, para Leo, Honduras es un obstáculo que planea vencer sin importar quién esté enfrente.
