Lo que debería ser una fiesta de renovación y orgullo se ha transformado en un grito de auxilio. Mientras la directiva celebra el multimillonario acuerdo para renombrar al mítico recinto como Estadio Banorte, la realidad en las gradas cuenta una historia aterradora.
A solo semanas de que el mundo ponga sus ojos en la inauguración del Mundial 2026, el Coloso de Santa Úrsula parece estarse desmoronando literalmente.
¿Seguridad en riesgo?
La alarma se encendió en redes sociales, donde han comenzado a circular videos devastadores que muestran la cruda realidad del inmueble.
Las imágenes no mienten: grietas profundas que atraviesan las estructuras y desprendimientos de concreto en las zonas de butacas han sembrado el pánico entre los aficionados y expertos en ingeniería.
¿Cómo es posible que un estadio que albergará la apertura de la Copa del Mundo presente fallas de este calibre? La pregunta sobre la seguridad de los miles de asistentes que llenarán el coloso es ahora la prioridad número uno.
Entre el lujo y la ruina
Resulta contradictorio y, para muchos, indignante, que mientras se presumen palcos de lujo y planes ambiciosos de modernización, la base estructural del estadio muestre signos de un deterioro avanzado.
La preocupación crece minuto a minuto: ¿Se trata de daños superficiales o estamos ante un problema estructural que podría obligar a medidas de emergencia de último minuto?
Hasta el momento, las autoridades no han emitido un comunicado que de tranquilidad, mientras el video del recinto cayéndose a pedazos sigue acumulando millones de reproducciones y críticas por la falta de mantenimiento real.
