La fiesta fue redonda y el templo del fútbol argentino vibró como nunca antes. En lo que significó una noche cargada de emociones, lágrimas y una profunda comunión con su gente en Buenos Aires, la Selección Argentina firmó una presentación inolvidable en el estadio Monumental tras imponerse con autoridad ante su similiar de Benín.
El momento cumbre de la noche llegó en la recta final del encuentro, cuando el marcador ya reflejaba un cómodo 2-0. Con la jerarquía, la magia y la responsabilidad de siempre, Lionel Messi tomó el balón para hacerse cargo de un cobro clave, desatando la locura total en las gradas y escribiendo un capítulo más de antología con la Albiceleste.
Con un toque sutil y magistral desde los doce pasos, el capitán argentino venció la resistencia del guardameta rival para firmar el definitivo 3-0.
El grito sagrado de gol retumbó en cada rincón del Monumental, mientras las cámaras captaban la emoción desbordada en las gradas y la celebración inmediata de sus compañeros, quienes corrieron a abrazar al ’10’ en una estampa que quedará grabada para la historia del balompié mundial.
