Lo que debía ser el espectáculo cumbre del fútbol hondureño terminó en una tragedia que hoy pasa factura. Los disturbios ocurridos el pasado domingo 12 de abril a las afueras del estadio Nacional Chelato Uclés no quedarán impunes.
Aunque los incidentes se registraron fuera del recinto, la Comisión de Disciplina está planteando una serie de sanciones que pretenden marcar un antes y un después en la seguridad del fútbol hondureño.
La primera gran determinación que podría aplicarse a los clubes es el cierre total del estadio Nacional para los próximos cuatro partidos de local de ambos equipos. Esto significa que ambos equipos podrían buscar sedes alternas para el cierre de las vueltas regulares y el inicio de la fase decisiva.
Pero el castigo no termina en la infraestructura. Existe una fuerte posibilidad de que los partidos restantes de las vueltas regulares se jueguen estrictamente a puerta cerrada o, en el escenario menos grave, con la prohibición absoluta de las barras organizadas en cualquier estadio del país.
Asimismo, se anticipa que se aplique una contundente sanción económica para ambos equipos, pero principalmente para Motagua por ser home club, la multa oscila en los 30 mil lempiras, de acuerdo con el reglamento de disciplina.
Las pérdidas económicas ya se cuentan por miles de lempiras, pero el daño a la imagen del deporte nacional es incalculable. La decisión final está en el aire, pero el mensaje es claro, la violencia podría dejar a Tegucigalpa sin su máximo espectáculo.
