Las alarmas se encendieron al máximo en el Estadio de Butarque. Lo que debía ser una noche de consagración para la joyita hondureña, Dereck Moncada, estuvo a punto de convertirse en una pesadilla.
En pleno inicio de la era de José Francisco Molina, el atacante catracho tuvo que abandonar el campo tras un impacto que dejó a todo un país en vilo y con el corazón en la mano.
Corría el minuto 56 cuando Moncada, en una de sus eléctricas conducciones buscando el arco de Pedro Gallese, fue frenado en seco por un feroz pisotón de André Carrillo.
El dolor fue evidente y, tras intentar seguir, el extremo del Internacional de Bogotá tuvo que pedir el cambio, dejando su lugar a Alenis Vargas.
La preocupación no era para menos: en las gradas, los visores del Wolverhampton tomaban nota de cada movimiento del hondureño, y una lesión de gravedad podría haber truncado cualquier negociación inmediata.
Sin embargo, tras horas de incertidumbre, los reportes médicos llegados directamente desde la concentración en España han traído la calma que el entorno del jugador necesitaba.
Según se confirmó, "únicamente se trató del golpe", descartando cualquier fractura o lesión de ligamentos que lo alejara de las canchas por tiempo prolongado.
