Un momentáneo resultado en contra hizo que Lionel Messi mostrara una cara poca conocida en el terreno de juego.
El Barcelona caía por la mínima diferencia ante el Deportivo Alavés en una nueva jornada de la liga española.
A los 39 minutos de la primera parte, el árbitro Alejandro José Hernández Hernández paró el juego para atender a un futbolista del conjunto local que estaba en el suelo.
Molesto, Messi se calentó, y cuando le venía la pelota, le tiró a los pies del colegiado. No le pegó, pero a este no le importó. Frenó la marcha y le sacó la tarjeta amarilla.
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